
Lo cierto es que me enamoré del diseño hace ya unos cuantos años y le prometí pasión eterna. Y creo que nunca voy a romper esa promesa.
No concibo la vida sin diseño y allá donde miro siempre veo algo que, de un modo u otro, me llama la atención. Me puedo pasar veinte minutos buscando el mejor encuadre con mi objetivo, para inmortalizar un grafismo dibujado en el cielo. O descubrir cómo unas manchas en el suelo se convierten en una forma de arte efímero.
Todo puede ser diseño y todo puede ser diseñado.
Así que, estoy orgullosa de pertenecer a esa especie rara llamada diseñadores.